Contenido digital de temática local destacado en el mes de marzo de 2026 por "Sabías que..."
Bajo Tomelloso se extienden más de 2.000 cuevas-bodega excavadas a mano durante el siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, para que ese mundo subterráneo existiera, fue necesaria una figura hoy mítica y casi olvidada: la terrera.
Mientras los hombres (los picadores) se encargaban de horadar la dura roca caliza y el "toscano" para crear las bodegas, las terreras —generalmente mujeres jóvenes y niñas— realizaban el trabajo físico más agotador de la superficie: extraer el escombro.
Su nombre proviene de la "tierra" o el residuo que sacaban del subsuelo. Eran el motor logístico que permitía que la excavación no se detuviera.
El trabajo de una terrera consistía:
El llenado: Abajo, en la oscuridad de la cueva, se llenaban los capachos (cestos de esparto) con la tierra extraída.
El ascenso: Las terreras subían los capachos por las estrechas escaleras de la cueva o los izaban mediante poleas a través de las lumbreras (las rejillas de ventilación que aún se ven en las aceras de Tomelloso).
El vertido: Una vez en la calle, debían transportar ese peso —a veces hasta 20 o 30 kilos sobre la cabeza o el hombro— hasta los carros que se llevaban el escombro a las afueras de la ciudad.
El papel de la mujer en la economía de Tomelloso fue fundamental. Mientras la ciudad se transformaba en la mayor productora de alcohol vínico del mundo, las terreras demostraban una resistencia física y moral inquebrantable, pues trabajaban a la intemperie, bajo el sol abrasador de La Mancha o el frío cortante del invierno. Sin ellas, las impresionantes cúpulas de las cuevas y las tinajas de barro no habrían tenido espacio donde reposar. Ellas "vaciaron" la ciudad para que Tomelloso pudiera llenarse de vino.
También son conocidas por ser las primeras mujeres que utilizaron el pantalón largo en su trabajo, prenda, hasta entonces, exclusiva de los hombres. La principal razón fue la comodidad, la protección física y la funcionalidad, aunque también se atisbaba cierto rasgo de rebeldía; convirtiéndose así en vanguardia del feminismo manchego y en un símbolo temprano de la mujer trabajadora que desafiaba los códigos estéticos por pura eficacia laboral.
Hoy, Tomelloso rinde homenaje a estas mujeres. Las terreras están representadas en una escultura en la Plaza de España y han sido ampliamente pintadas y fotografiadas. Visitar una cueva en Tomelloso hoy no es solo admirar la ingeniería popular o el vino; es recordar el eco de los pasos de las terreras subiendo y bajando, construyendo la historia desde el subsuelo.
Imagen: Blanco y Negro (20.11.1896)